Miércoles, 25 Marzo 2015
Mar25

EMOCIONES BÁSICAS (III): LA TRISTEZA

Categoría // PSICOLOGÍA, VARIA

EMOCIONES BÁSICAS (III): LA TRISTEZA

La tristeza

Hipócrates relacionó la tristeza con el trastorno de la melancolía, “aversión a los alimentos, abatimiento, incapacidad para dormir, irritabilidad e inquietud”- síntomas similares a los que figuran en las definiciones modernas del trastorno depresivo.

Si quisiéramos encontrar una definición sobre la tristeza seguramente la encontraríamos como una emoción reconocida a lo largo de la historia de la medicina.

La tristeza está presente cuando coexisten:

- Un bajo estado de ánimo

- La disminución de la actividad cognitiva y motora.

 

¿Por qué nos sentimos tristes?

Nos ponemos tristes ante situaciones de pérdida o el daño que supone en nuestra vida un cambio.

Su intensidad y frecuencia son diferentes dependiendo de muchos factores internos (personalidad, creencias, valores) y externos (grupo social de apoyo, familia, trabajo, recursos económicos, etc.).

 

¿Para qué sirve la tristeza?

Entre sus múltiples funciones podemos observar como más relevante y adaptativa “paralizar” la actividad de la persona y buscar su reintegración personal (reflexión, búsqueda de recursos). Su  expresión hace que las personas se acerquen para ofrecer apoyo lo que fomenta el alivio y recuperación.

La tristeza aparece más significativamente como síntoma central en la depresión. Entendiendo esta bajo los criterios diagnósticos de duración, gravedad y disfuncionalidad y descartando otras enfermedades.

Es una emoción muy humana y casi inevitable que acontece tras una pérdida dolorosa pero no es necesariamente una enfermedad.

RECORDEMOS QUE TODAS las emociones tienen funciones adaptativas.

La ira, el miedo, la  ansiedad y la tristeza pueden estar en mayor o menor grado en todas las enfermedades psicofisiológicas.

La psicología de la salud se encarga de este estudio y aprendizaje especialmente en los trastornos psicofisiológicos, que presentan enfermedad de origen orgánico y además sus causas o agravantes son psicológicas. 

Se ha demostrado en múltiples estudios, investigaciones y situaciones cotidianas que tienen una importancia vital en nuestra supervivencia e influyen claramente en nuestras acciones y pueden salvar, mejorar o perjudicar nuestra salud física y mental.

Aprender a interpretarlas, comprenderlas y regularlas para la propia persona y los que le rodean, cobra gran relevancia para tener una vida plena y rica

 

Autor: Angelina López Pardo

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